lunes, 28 de marzo de 2016

LOS PRIMEROS AÑOS DE GARCILASO



LOS PRIMEROS AÑOS 

MAX HERNÁNDEZ

        " Lo que conocemos de los primeros años de Gómez Suárez de Figueroa lo sabemos a través de lo que él mismo escribió sobre ellos, muchos años después, cuando había decidido llamarse Inca Garcilaso de la Vega. 
        
        Riva Agüero ha llegado a sostener que los Comentarios inician el género literario de los recuerdos infantiles, género que solemos creer tan moderno. En rigor, sería necesario, antes de empezar siquiera el intento de dilucidar lo que significó su infancia, saber cómo y por qué el hombre se hizo escritor. Esto, de suyo, otorgaría prioridad metodológica al análisis de las estructuras que el texto revela. Pero no estamos confinados a obtener claves para una lectura; queremos también acceder - si es posible - al espesor de una experiencia.

       Por una parte, el fluir de los recuerdos obedece a la profunda corriente que, salvando tiempo y distancia, conecta los extremos de una vida. Por otra, el texto y su composición hacen evidente la discontinuidad- no sólo temporalque separa al niño del recuerdo del adulto que recuerda.

      La situación no es menos paradójica que aquella en la que se encuentra el psicoanalista cuando escucha a su paciente en una primera entrevista. Sabe que el carácter y la patología, las fuerzas y las flaquezas, de su entrevistado comenzaron a estructurarse desde la más temprana infancia. Sabe también que las palabras que está empleando están estrictamente regidas por eventos distantes y conflictos remotos. Sin embargo, el analista se limita a escuchar. Espera que el paciente empiece a hablar sobre los temas que desee. Algo importante comienza a cobrar forma."

http://198.57.164.64/~ieporg/textos/DDT/peruproblema22.pdf

MAX HERNÁNDEZ(1993)"MEMORIA DEL BIEN PERDIDO" Conflicto, identidad y nodtalgia en el Inca Garcilaso de la Vega. Biblioteca Peruana de Psicoanálisis.

 

NIÑEZ DEL INCA GARCILASO DE LA VEGA



El Inca Garcilaso de la Vega, hijo de Isabel Chimpu Ocllo y su mundo

Desde su esmerada y autodidacta educación europea el Inca Garcilaso de la Vega rememora y presenta la función de Isabel Chimpu Ocllo y el entorno familiar materno en la formación de su visión de mundo. Estos son los principales aspectos que se abordan en la ponencia. 

Mg. Sonia Luz Carrillo Mauriz

UNMSM

Son innumerables las miradas que la obra del primer peruano en el decir de Mariátegui, aurora del espíritu americano en palabras del poeta Manuel Bandeira, ha suscitado a lo largo de los siglos y conciente de la envergadura de su abordaje lo que proponen las líneas que siguen es un acercamiento a algunos textos del Inca Garcilaso  de la Vega teniendo en consideración el peso de los acontecimientos y el registro del actor que los ha vivido.

Cada época establece el sentido de las preguntas  que produce el encuentro con un texto y  las  interrogantes  que animan esta breve exposición giran en torno a quién habla en el texto,  desde dónde y, especialmente,  qué nos sigue diciendo a cuatro siglos de distancia, cuando persiste o se reformula la inquietud por lo que somos.

En primer lugar, los textos nos indican que habla un mestizo. El hijo  del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega llegado al Perú con Francisco Pizarro y que en 1538 se establece en el Cuzco. Y también, de muy señalada manera, en los textos habla el hijo de  Isabel Chimpu Ocllo, descendiente directa del Inca Túpac Yupanqui. En los textos encontramos la voz de quien nació en una realidad marcada por la guerra y el conflictivo, el 12 de abril de 1539, como fruto de una “relación de conquista”

“En el Cuzco nació una relación de conquista –difícilmente de amor- con una noble india, Chimpu Ocllo, sobrina de Huayna Capac y prima de Huáscar, de Atahualpa y del rebelde Manco Inca. Ella no hablaba castellano y, que sepamos, él no hablaba el runasimi. De esta unión nació un varón … a quien se le bautizó con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa.” (Carrillo, Francisco 1996: 9)

Una relación que, años después, el Inca teñirá de orgullo al referir  las características de su filiación cuando en la Relación de Garcí Pérez de Vargas, precisa  respecto al padre:

El hijo tercero de Alonso de Hinestrosa de Vargas y de doña Blanca de Sotomayor fué Garcilaso de la Vega, mi señor y padre. El cual empleó treinta años de su vida, hasta que se le acabó, en ayudar a conquistar y poblar el Nuevo Mundo, principalmente los grandes reinos y provincias del Perú. Donde con la palabra y el ejemplo enseñó y doctrinó a aquellos gentiles nuestra santa Fe católica; y aumentó y magnificó la Corona de España tan larga, y rica y poderosamente, que por solo aquel Imperio que entre otros posee, la teme hoy todo lo restante del mundo.”

Acerca de la madre se encarga de señalar:

Húbome en una india llamada doña Isabel Chimpu Ocllo. Son dos nombres propios el cristiano y el gentil porque las indias e indios en común, principalmente los de la sangre real, han hecho costumbre de tomar por sobrenombre después del bautismo el nombre propio o apelativo que antes de él tenían. Y estáles muy bien por la representación y memoria de los nombres y sobre nombres reales que en sus majestades antiguas solían tener. Los cuales renombres no podía ponérselos nadie sino los de la sangre real, hombre e mujer, descendiente por línea de varón: y así se los ponen todos los que de ellos han quedado. Doña Isabel Palla Chimpu Ocllo fué hija de Huallpa Túpac Inca, hijo legítimo de Túpac Inca Yupanqui y de la Coya Mama Ocllo, su legítima mujer, y hermana de Huayna Inca, último Rey natural que fue en aquel Imperio llamado Perú.” (Inca GarcilasoRelación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas. B.A.E 1965: 12)

La posición del padre en el Cuzco -llegó a ser  corregidor en 1554 – permite al niño Suárez de Figueroa una esmerada educación al lado de los hijos de Francisco y Gonzalo Pizarro en la Escuela de Mestizos de Juan Cuellar, donde aprende latín y religión cristiana. Un elemento formativo temprano que lo pone en contacto en la mesa paterna con “numerosos comensales españoles que proceden de varios lugares de América y relatan sus experiencias de Conquista”. (Rovira y  Mataix)

La disposición al estudio de parte de los jóvenes españoles y  mestizos son puestas en relieve por el Inca al reproducir las palabras  del  licenciado Cuellar, maestro de “Gramática y demás ciencias”: “Oh, hijos, qué lástima tengo de no ver a una docena de vosotros en aquella universidad de Salamanca”. (Garcilaso, 2do. Prólogo Historia general del Perú. 1996:202). Para Francisco Carrillo, efectivamente, la educación de estos jóvenes – abarcaba un amplio abanico de saberes y destrezas que – “los preparaba para altas posiciones en la sociedad en formación” y por eso estima que: “Estos mestizos nobles e instruidos podrían haber sido los dueños del Perú. Así lo pensaron varios de ellos” (Carrillo,  1996:15)

Guarda las cosas en el corazón

 Para el escritor, el mundo de  la madre será determinante para constituirse en paradigmático “primer peruano”. La cercanía que el mundo de Chimpu Ocllo le permite, con su reciente pasado y agobiado presente (“enajenado su imperio”) obrará poderosamente en la definición de rasgos particulares de quien sería un autor de alcance universal. Las experiencias y conocimientos que adquiere en la península de forma autodidacta serán luego pasados por el tamiz de lo adquirido en el trato íntimo con el mundo de la madre.

 Así, de los texto emerge la voz del heredero de una sociedad con alto grado de organización, con conciencia de continuidad histórica (no exenta de conflicto) y realizaciones culturales y materiales presentes en la memoria y actuantes en la vida cotidiana.  Señalada superioridad que otorga al gestor del texto la condición de intérprete privilegiado. En los  Comentarios Reales, leemos:

“Después de haber dado muchas trazas y tomado muchos caminos para entrar a dar cuenta del origen y principio de los Incas Reyes naturales que fueron del Perú, me pareció que la mejor traza y el camino más fácil y llano era contar lo que en mis niñeces oí muchas veces a mi madre y a sus hermanos y tíos y a otros sus mayores acerca de este origen y principio, porque todo lo que por otras vías se dice de él viene a reducirse en lo mismo que nosotros diremos, y será mejor que se sepa por las propias palabras que los Incas lo cuentan que no por las de otros autores extraños. Es así que, residiendo mi madre en el Cuzco, su patria, venían a visitarla casi cada semana los pocos parientes y parientas que de las crueldades y tiranías de Atahualpa (como en su vida contaremos) escaparon, en las cuales visitas siempre sus más ordinarias pláticas eran tratar del origen de sus Reyes, de la majestad de ellos, de la grandeza de su Imperio, de sus conquistas y hazañas, del gobierno que en paz y en guerra tenían, de las leyes que tan en provecho y favor de sus vasallos ordenaban. En suma, no dejaban cosa de las prósperas que entre ellos hubiese acaecido que no la trajesen a cuenta.”

La minuciosidad y eficacia del relato de las circunstancias en las que se producían las conversaciones dan cuenta de una voz narrativa típica del emigrado que fija en la memoria  un estado de cosas que quienes permanecen en el lugar suelen olvidar a tenor de la dinámica de la vida cotidiana.

“De las grandezas y prosperidades pasadas venían a las cosas presentes, lloraban sus Reyes muertos, enajenado su Imperio y acabada su república, etc. Estas y otras semejantes pláticas tenían los Incas Pallas en sus visitas, y con la memoria del bien perdido siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto, diciendo: »Trocósenos el reinar en vasallaje… « etc. En estas pláticas yo, como muchacho, entraba y salía muchas veces donde ellos estaban, y me holgaba de las oír, como huelgan los tales de oír fábulas.”

https://hablasonialuz.wordpress.com/2014/04/13/el-inca-garcilaso-de-la-vega-hijo-de-isabel-chimpu-ocllo-y-su-mundo/

       

domingo, 27 de marzo de 2016

TRASCENDENCIA DEL INCA GARCILASO DE LA VEGA





Respeto por el Inca y discusión


El don natural de Garcilaso para presentar vívidamente los hechos despertó, pues, inquietudes sobre una posible tendencia a fabular. El asunto, harto complejo, debe examinarse en cada caso y también en el presente. Pero así como hubo (y hay) dudas también mereció Garcilaso muy elevado respeto. Hoy sabemos que el Inca era amigo de sabios varones andaluces, algunos eminentes, quienes lo consultaban y citaban. Aparte el doctor Morales, fallecido antes de que el Inca imprimiera sus historias, trató a hombres como el gran filólogo Bernardo de Aldrete, o bien el escriturario jesuíta Juan de Pineda, famosos en Europa. Ambos mencionan los Comentarios reales y siguen al autor en determinados puntos. (Trato el asunto en Durand 1948: 278 ss., 1963: 322 ss., 1979: 35 ss, Cf. Miró Quesada 1971, cap. 8).

Añádase a varios eruditos, hombres de autoridad, amigos suyos. Ya en otros países, por dos siglos tuvo Garcilaso muchas más ediciones en francés que en español. En Inglaterra lo leyó y mencionó tempranamente todo un Francis Bacon y, hace unos años, todo un Amold Toynbee. Pero también hubo voces discrepantes, algunas aisladas, otras más desde hace un siglo.

A veces llegaron al estrépito. Durante el XVIII y a principios del XIX su autoridad se hallaba en el cenit y eso continuó hasta el último tercio del siglo. Por entonces, el erudito Marcos Jiménez de la Espada (por ejemplo Jiménez de la Espada 1880) estudió importantes crónicas inéditas y comprendió justificadamente que había fuentes más valiosas que Garcilaso. Eso sí: no hizo mucho por entender la posición personal de este historiador humanista.

Las opiniones de don Marcos pesaron en el Perú y España, donde debieron influir en Menéndez Pelayo. Sin embargo, Philip A. Means tomó muy en cuenta la importancia de Garcilaso. 9 En Lima, Manuel González de la Rosa llegó al colmo en sus ataques al Inca. lo rebatió Riva-Agüero, (Revista Histórica, I-IV, 1906-1912), a quien debemos un notable intento de comprensión de Garcilaso; también puntualizó la exagerada posición de Menéndez Pelayo sobre el utopismo de los Comentarios, lo cual don Marcelino aceptó.

Desde entonces abundan los estudios sobre el autor, favorables y adversos. Quien llegó al exceso en contra fue el argentino Roberto Levillier, entusiasta del virrey Toledo, a quien el Inca detestaba. Tuvo respuestas (Levillier 1935, I y 11. Responde Arocena 1949; objeciones breves y firmes en Rosenblat 1942). 9. Vid. Means 1928. Sin embargo, desde años atrás influían los reparos al Inca de Heinrich Cunow. Un panorama no exhaustivo puede verse en Wedin 1966.

DURAND JOSÉ(1990) GARCILASO INCA JURA DECIR VERDAD HISTORICA. Vol. XIV. N2 l. Julio de 1990 Universidad de California - Berkeley 







lunes, 21 de marzo de 2016

MESTIZAJE E IDENTIDAD


Mestizaje e identidad
 

Danilo Sánchez Lihon


El Inca Garcilaso de la Vega nació el 12 de abril de 1539 en el Cuzco, Perú, y murió el 23 de abril de 1616 en Córdova, España. En vida fue admirado unánimemente y se dijo de él: “Príncipe de los escritores del nuevo mundo”. Y después: “El americano más insigne de la colonia”. Alternó con Luis de Góngora y con don Miguel de Cervantes.

El significado actual de su vida y su obra es inmenso –no solo porque hace viva la grandeza del Tahuantinsuyo– sino porque es reclamo de una humanidad al borde del colapso y que se debate en una encrucijada hacer que los principios que en él se pusieran en uso vuelvan a tener vigencia, en aspectos como la fraternidad, la solidaridad, el cuidado del medio ambiente, la sana cultura alimentaria, la previsión social, el cuidado y respeto del bien común.

Y es que, con la irrupción española, consecuencia del proceso de conquista, se destruyó un orden admirable que Garcilaso revive, no exento de tristeza al decir: “Trocose el reinar en vasallaje”. Con él, además, se da inicio a una nueva etapa en el proceso de la identidad en nuestro continente, considerándose en este proceso al Inca Garcilaso de la Vega como el primer mestizo espiritual de América.

Garcilaso nos plantea el problema vasto y hondo de la identidad; y del mestizaje, tan visible y conturbado. Y otro más, tan palmario hasta el punto del desgarramiento ahora, cual es el del migrante, quien se aleja de su tierra para vivir en otra y la nostalgia que lo oprime.

Su obra es clave para tener presente y obrar sobre aquella realidad con valores que sólo el Perú alcanzó a realizar en el mundo: el de una sociedad solidaria y fraterna. Tan es así que en el testamento subrepticio de uno de los soldados de la conquista del Perú encontramos este apunte que debe ser un ideario de lo que hay que restituir, así como preceptos para una autoridad o un gobernante del presente, cuando aquel soldado al hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad que ellos lamentablemente destruyeron, anota:

“los incas gobernaron a sus pueblos de tal manera que no había ni un ladrón, ni un hombre vicioso, ni una mujer adúltera o de mala vida”.

También, jamás los ejércitos del inca hicieron pillaje, incendiaron aldeas, violaron mujeres, remataron heridos, impusieron cupos a las poblaciones vencidas. Jamás hubo el “repaso” con los hombres caídos en batalla y las mujeres que los socorrían, que ni siquiera eran militares sino civiles.