Respeto por el Inca y discusión
El don natural de Garcilaso para presentar vívidamente los hechos
despertó, pues, inquietudes sobre una posible tendencia a fabular. El asunto,
harto complejo, debe examinarse en cada caso y también en el presente. Pero así
como hubo (y hay) dudas también mereció Garcilaso muy elevado respeto. Hoy
sabemos que el Inca era amigo de sabios varones andaluces, algunos eminentes,
quienes lo consultaban y citaban. Aparte el doctor Morales, fallecido antes de
que el Inca imprimiera sus historias, trató a hombres como el gran filólogo
Bernardo de Aldrete, o bien el escriturario jesuíta Juan de Pineda, famosos en
Europa. Ambos mencionan los Comentarios reales y siguen al autor en
determinados puntos. (Trato el asunto en Durand 1948: 278 ss., 1963: 322 ss.,
1979: 35 ss, Cf. Miró Quesada 1971, cap. 8).
Añádase a varios eruditos, hombres de autoridad, amigos suyos. Ya
en otros países, por dos siglos tuvo Garcilaso muchas más ediciones en francés
que en español. En Inglaterra lo leyó y mencionó tempranamente todo un Francis
Bacon y, hace unos años, todo un Amold Toynbee. Pero también hubo voces
discrepantes, algunas aisladas, otras más desde hace un siglo.
A veces llegaron al estrépito. Durante el XVIII y a principios del
XIX su autoridad se hallaba en el cenit y eso continuó hasta el último tercio
del siglo. Por entonces, el erudito Marcos Jiménez de la Espada (por ejemplo
Jiménez de la Espada 1880) estudió importantes crónicas inéditas y comprendió
justificadamente que había fuentes más valiosas que Garcilaso. Eso sí: no hizo
mucho por entender la posición personal de este historiador humanista.
Las opiniones de don Marcos pesaron en el Perú y España, donde
debieron influir en Menéndez Pelayo. Sin embargo, Philip A. Means tomó muy en
cuenta la importancia de Garcilaso. 9 En Lima, Manuel González de la Rosa llegó
al colmo en sus ataques al Inca. lo rebatió Riva-Agüero, (Revista Histórica,
I-IV, 1906-1912), a quien debemos un notable intento de comprensión de
Garcilaso; también puntualizó la exagerada posición de Menéndez Pelayo sobre el
utopismo de los Comentarios, lo cual don Marcelino aceptó.
Desde entonces abundan los estudios sobre el autor, favorables y
adversos. Quien llegó al exceso en contra fue el argentino Roberto Levillier,
entusiasta del virrey Toledo, a quien el Inca detestaba. Tuvo respuestas
(Levillier 1935, I y 11. Responde Arocena 1949; objeciones breves y firmes en
Rosenblat 1942). 9. Vid. Means 1928. Sin embargo, desde años atrás influían los
reparos al Inca de Heinrich Cunow. Un panorama no exhaustivo puede verse en
Wedin 1966.
DURAND JOSÉ(1990)
GARCILASO INCA JURA DECIR VERDAD HISTORICA. Vol. XIV. N2 l. Julio de 1990 Universidad
de California - Berkeley
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